En un macroestudio del Imperial College de Londres despues de analizar a 460 mil personas los científicos detectaron que los extremos (tanto el ritmo muy lento como muy acelerado) disparan hasta un 45% el riesgo de sufrir un ictus.
Un nuevo estudio de esta institución educativa del Reino Unido sugiere que tanto las frecuencias cardiacas en reposo muy bajas como las muy altas están relacionadas con este padecimiento.
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Europa Press menciona que al ser el estudio poblacional más grande que examina esta relación sus hallazgos cuestionan la suposición de que una frecuencia cardica más baja siempre es un signo de buena salud cardiovascular y no conlleva ningún riesgo.
En un análisis del Biobanco del Reino Unido los investigadores realizaron un seguimiento de 460 mil participantes durante un promedio de 14 años, periodo en el que se produjeron 12 mil 290 accidentes cerebrovasculares.
Los análisis se ajustaron por edad, sexo y factores de riesgo cardiovascular, incluida la fibrilación auricular, una afección cardiaca que provoca latidos cardiacos irregulares y es una de las principales causas de accidente cerebrovascular.
Señalar que el riesgo de ictus fue menor con una frecuencia cardiaca en reposo de 60 a 69 latidos por minuto, pero aumentó en ambos extremos (por debajo de los 50 latidos y en o por encima de los 90), formando un patrón en forma de “U“.

En estos extremos el riesgo de ictus fue un 25% mayor en las personas con frecuencias cardiacas muy bajas y un 45% mayor en las personas con frecuencias cardiacas muy altas.
Mencionar que en la población general esta relación se mantuvo después de ajustar por los factores de riesgo de accidente cerebrovascular ya establecidos, como la hipertensión, diabetes y la fibrilación auricular, lo que sugiere que refleja una señal biológica genuina.
Sin embargo, al analizar los participantes por separado este patrón sólo se observó en personas con fibrilación auricular; en quienes sí la padecían la relación no era evidente.
El doctor Dexter Penn, autor principal del estudio explicó que esto se debe probablemente a la fibrilación auricular, es un factor de riesgo tan importante para el ictus que lo incrementa aproximadamente cinco veces, su influencia supera la de la frecuencia cardiaca y limita la capacidad de los médicos para detectar su efecto.
Por tanto la frecuencia cardiaca resultó más informativa en personas sin este padecimiento, donde puede constituir una valiosa herramienta adicional para identificar y estratificar el riesgo de ictus.

Los investigadores también exploraron los posibles mecanismos subyacentes a la relación entre la frecuencia cardiaca y el accidente cerebrovascular. Las frecuencias cardiacas muy bajas se asociaron principalmente con el accidente cerebrovascular isquémico, concordando con la hipótesis de que las frecuencias cardiacas muy bajas podrían estar asociadas con una reducción del flujo sanguíneo al cerebro al prolongar la fase de relajación entre latidos.
Por el contrario las frecuencias cardíacas elevadas se asociaron al accidente cardiovascular isquémico y hemorrágico, y pueden sugerir un mayor estrés en las paredes de los vasos sanguíneos que podría contribuir a la lesión isquémica y a una mayor predisposición al sangrado.
Para el coautor, el profesor Alistar Webb la frecuencia cardiaca en reposo es una medida sencilla y ampliamente disponible que merece mayor atención en la evaluación del riesgo cardiovascular, especialmente en personas sin fibrilación auricular.
Señala que se necesita más investigación para comprender por qué las frecuencias cardiacas pueden estar relacionadas con un mayor riesgo de ictus y qué implicaciones pueden tener para el tratamiento, pero las frecuencias cardiacas deberían servir como señal para que los médicos analicen con mayor detenimiento el riesgo cardiovascular general de cada individuo y tomen medidas para reforzar los cambios en su estilo de vida y las estrategias de prevención estándar.
Ambos autores destacan la necesidad de más estudios para comprender mejor si la frecuencia cardiaca en reposo influye causalmente en el ictus o refleja el estado de salud subyacente, incluyendo estudios que exploren factores genéticos relacionados a la frecuencia cardiaca, aquellos que utilicen monitorización repetida o continua para captar mejor cómo varía la frecuencia cardiaca con el tiempo.
Asimismo, confirmar los hallazgos en poblaciones más diversas.


