Un nuevo estudio sugiere que no todos procesamos igual la información positiva y negativa, y que esa diferencia podría influir en nuestra capacidad de adaptación emocional.
Ya sea que estés sopesando las ventajas y desventajas de una compra o evaluando tus interacciones con gente nueva, se puede mostrar un sesgo al otorgar mayor valor a la información percibida como positiva o negativa, esto según el trabajo de la Universidad RPTU de Kaiserslautern-Landau (Alemania) y la Universidad de Ámsterdam (Países Bajos).
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Según se publica en Jneurosci, Ulrike Basten y sus colaboradores de ambas casas de estudio exploraron si las diferencias individuales en el procesamiento de beneficios y costes están relacionadas con la resiliencia psicológica.
Los investigadores presentaron a 82 participantes imágenes de figuras de diferentes colores. Los colores y figuras se asociaron con ganancias o pérdidas que culminaron en dinero real ganado o costes al final del experimento. Ante la misma presentación de figuras de diferentes colores, algunos participantes generalmente dieron menos importancia a las pérdidas menores, lo que los llevó a aceptar más ofertas.
Entafizando en este punto, Basten afirmó que estas personas no dan más importancia a las recompensas, sino que dan menos importancia a las consecuencias negativas y tienen una mayor tendencia a aceptar ofertas con consecuencias mixtas. Su forma de procesar la información negativa es diferente.

Los investigadores descubrieron que los participantes que daban menos importancia a las pérdidas menores presentaban mayores aumentos en la actividad cerebral prefrontal ante las pérdidas y una actividad más reducida cuando recibían ganancias.
Estas diferencias en la respuesta cerebral mediaron la relación entre el sesgo de aceptación en la toma de decisiones y una mayor resiliencia psicológica autoinformada.
De acuerdo con los investigadores su trabajo sugiere que una mayor respuesta del lóbulo prefrontal a la información negativa podría permitir a las personas controlar sus pensamientos y sentimientos sobre las pérdidas. Este control podría ser lo que las hace más resilientes psicológicamente.
El especialista argumentó que no pueden establecer una relación de causalidad a partir de sus hallazgos, por lo que un siguiente paso podría ser manipular el sesgo recompensando ciertas respuestas (esencialmente entrenar a las personas para que muestren un sesgo más positivo en la toma de decisiones) y ver si esto conduce a una mayor resiliencia.


