Una investigación internacional que es liderada por la Universidad de Granada y en la que participaron las de Loyola, Autónoma de Madrid y Copenhague demostró que el ejercicio induce cambios específicos por sexo en la organización de las mitocondrias, las estructuras celulares que generan energía.
El estudio fue realizado en jóvenes sanos y activos, siendo recientemente publicado en la revista Cell Reports. Analiza cómo se reorganizan los llamados supercomplejos mitocondriales durante esfuerzos de intensidad moderada y alta.
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Los resultados muestran que los hombres aumentan la formación de estos supercomplejos a mayor intensidad y reducen los niveles de lactato, mientras que las mujeres mantienen un perfil estable sin variaciones significativas.
Las mitocondrias contienen complejos respiratorios que pueden agruparse en estructuras mayores denominadas supercomplejos. Estas agrupaciones desempeñan un papel clave en la producción de energía celular, pero hasta ahora se desconocía cómo se regulan durante el ejercicio físico en humanos.
El nuevo estudio permitió realizar un análisis de la respuesta de las mitocondrias del músculo esquelético.

En los hombres, el ejercicio provocó un aumento significativo y dependiente de la intensidad en la formación de supercomplejos mitocondriales de alto peso molecular. El incremento se asoció además con niveles más bajos de lactato durante el esfuerzo, un indicador de menor fatiga muscular.
En cambio, las mujeres mantuvieron un perfil estable de supercomplejos mitocondriales, sin cambios apreciables ni en los HMWSCs ni en los supercomplejos específicos, independientemente de la intensidad del ejercicio.
Los hallazgos demuestran que la organización mitocondrial no sólo es dinámica, sino que también está regulada de manera diferente en hombres y mujeres, de acuerdo con los investigadores.
Comprender estas diferencias podría tener implicaciones importantes para el diseño de estrategias de ejercicio adaptadas a cada sexo y para la salud metabólica.
El estudio demostraría que el ejercicio puede remodelar la arquitectura de la cadena de transporte de electrones en el músculo esquelético humano, pero que esta adaptación ocurre de forma específica según el sexo biológico.


